Marina
Luchetti
Artista
Madrid
Marina Luchetti (1994)
Artista visual y especialista en producción gráfica. Mi formación se desarrolla en la Escuela de Grabado de la Real Casa de la Moneda (FNMT-RCM), donde profundizo en la técnica del grabado calcográfico y la estampación de gran formato.
Tras mi etapa académica, me traslado a Venecia para trabajar con Factum Foundation y
la Fondazione Giorgio Cini especializándome en la digitalización y conservación digital de patrimonio. Posteriormente regreso a mi ciudad natal, Madrid, para seguir trabajando con Factum Arte, esta vez desde el puesto de responsable del taller de impresión, donde, durante dos años, dirijo la producción de soportes y la ejecución técnica de obras para artistas de relevancia internacional. En estos años en los que la producción no era personal, se ha redefinido mi visión de la estampa como objeto físico.
En 2025 dejo mi puesto en Factum Arte para volver a mi obra original, retomando el grabado como eje principal de investigación sobre el paisaje y la memoria.
Mi trabajo tiene dos pilares fundamentales que han ido dando forma a mi práctica artística durante años: estudiar chino y viajar. Me vi envuelta en el estudio de la lengua china hace unos 10 años, sin tenerlo planeado y gracias a mi hermano, con el que generé una gran conexión. Con estas clases llegó a mis manos un libro que se llama Vacío y Plenitud, de François Cheng. Leí sobre el silencio visual, y toda esta experiencia hizo cambiar mi forma de entender y mirar el paisaje. Aprendí que lo que no se dibuja tiene el mismo peso que lo que está presente. En mi obra, la ausencia de tinta forma parte del relato principal.
Esto me llevó a investigar sobre el concepto del Tao (el camino). Para mí el paisaje no es un destino, sino un tránsito. Mi proceso empieza con una de las tantas fotos que tomo cuando viajo. No necesita ser un paisaje épico, solamente una imagen que me lleve de vuelta a ese lugar físico, y al lugar mental en el que estaba cuando tomé la foto. Al trasladar la imagen a la matriz, empiezo un proceso de rayado lento y repetitivo. En ese estado de concentración comienzo un camino en el que me separo de la fotografía y dejo que mi recuerdo se deforme, simplificando el paisaje y permitiendo que se genere un nuevo lugar, donde la esencia y la memoria del antiguo sigue, pero donde nuevas miradas puedan encontrar sus propios caminos.
Para fabricar las matrices utilizo planchas de aluminio recicladas de procesos litográficos, sobre las que realizo un aguafuerte. El aluminio me permite ampliar el formato, y recortarlas siguiendo la línea del horizonte. Para reforzar esta idea de continuidad, he eliminado la barrera del cristal. Las piezas están tensadas en bastidores de madera, y la imagen continúa por los cantos. Esto también da pie a jugar con la modularidad de la obra: el horizonte es un nexo que permite que las piezas funcionen de forma individual, o se puedan agrupar en diferentes secuencias.
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